Capítulo II
El peso del liderazgo es muy grande. No sé cómo se sentiría mi padre al soportar tal carga, pero el caso es que no me sentía a gusto con esa responsabilidad. Es verdad que heredé todo lo que mis padres tenían, su dinero, su castillo, su habitación, sus propiedades, pero era demasiado para mí.
Mensaje
A la mañana siguiente vio que todo seguía igual, con una cimitarra partida por la mitad en el suelo y con manchas de sangre un poco más adelante. Se levantó apenada y fue a la habitación de su hermano en la que la cama estaba manchada de sangre. Habían retirado los cadáveres de todas las habitaciones. Y cuando bajó vio por la ventana que había tierra recién movida en el jardín y unas palas apoyadas en un árbol cercano. Fue al comedor en el que ya habían comido todos menos ella. Se tomó el desayuno, pero con muy pocas ganas. Y salió a ver dónde estaba Mánatorm, Mánatorm estaba junto a Nalfhein en el campo que rodeaba el castillo, hablando con él de las preocupaciones que tenían respecto al tema de la noche pasada. A Nalfhein le habían vendado la herida y le estaba contando a Mánatorm que seguramente Ilnar volvería y que deberían haberlo perseguido cuando tenían tiempo.
- Ahora no se puede hacer nada salvo esperar que nos demos cuenta cuando llegue – dijo Nalfhein.
- Si – contestó Mánatorm – esperar.
- Y cuando llegue le matare yo misma – dijo Nail que había oído las últimas palabras.
- Hola – dijo Mánatorm, sorprendido porque no la había oído acercarse.
- Hola – dijo Nalfhein, que sí que la había oído.
La conversación continuó y, cuando acabaron y entraron en el castillo, lugar en el que les esperaban dos hombres, uno de ellos llevaba un mensaje escrito en pergamino para entregárselo a Nail. Al otro le reconoció como un caballero de la corte del rey.
- Vengo a entregarle este mensaje al dueño del castillo – dijo el mensajero
- La dueña actual soy yo – dijo Nail
Nalfhein se ocultaba con una capucha para que no le vieran la cara debido a que, con sólo mencionar que era un drow, seguramente el caballero intentaría matarlo. El mensajero entregó el pergamino a Nail, extrañado, y esperó a que lo leyera.
Se ha convocado una reunión en la corte del rey dentro de cinco días al amanecer
en la ciudad de Cameron. Responda antes de la fecha señalada si podrá asistir.
Si no puede, responda también explicando las razones de su ausencia.
El Rey, Úndaril.
- Tome – dijo el mensajero dándole un papel a Nail.
Asistiré, debo hablar con usted después de todo.
Le dio la carta al mensajero y le dijo que podía irse.
El resto del día lo pasó con evidente tensión que sustituyó a la pena “¿Por qué querrá Úndaril reunirse con los terratenientes de su reino?” “La última vez fue por un aviso de que los orcos invadirían las fronteras” pensaba todo el rato Nail. Pasaron los días y cada vez estaba más tensa e intrigada, hasta que llegó el momento de la verdad. Un día antes de la fecha acordada partieron Mánatorm, ella y otros diez soldados en caballos hacia el norte. A mitad de viaje unos bandidos les asaltaron. Empezaron a salir de los lados del camino. 1, 2, 3, 4, 5… 13 bandidos atacaron a la vez. Pero a pesar de que los superaban en número los bandidos no contaban con la ventaja de los caballos ni con la magia de Nail. Los bandidos fueron erradicados, menos tres que huyeron y otro que capturaron con sólo tres bajas por parte de los soldados de Nail. Al interrogar al bandido y atarle de pies y manos descubrieron que, como es lógico, lo que querían esos bandidos era capturar a Nail y hacer que pagasen un buen precio para que la liberaran. El resto del camino lo hicieron con un prisionero, pero nadie más los atacó.
Cuando llegaron a Cameron dos de los soldados se llevaron al bandido y se lo entregaron a las autoridades para que lo apresaran y decidieran su castigo. De mientras Nail llegó a la puerta del castillo del Rey y se quedó asombrada por su magnitud y altas murallas. Ya había estado ahí en otra ocasión, pero eso no la preparó para lo que vio a continuación. Sirvientes y guardias por doquier llenaban el gran recibidor cuando entró. Un sirviente la recibió y le dijo que lo acompañara. Nail le siguió hasta una habitación muy bien decorada y el sirviente dijo que esta sería su dormitorio hasta la reunión con el rey. Pasó el día y fueron llegando todos los terratenientes que quedaban al palacio. Al amanecer del día siguiente todos los terratenientes se reunieron en la sala de audiencias y se sentaron en una mesa circular junto al rey.
- Hay una… dos cosas de las que quiero hablar. La primera es que quiero saber la razón de la presencia de la hija de Darsar aquí – dijo el rey mirando a Nail.
- Mi padre está muerto – dijo Nail con pesar.
- Lo lamento muchísimo – dijo el rey.
- ¿Cómo fue? – preguntó otro conde.
- Drows – contestó Nail con enfado.
Todos los presentes se quedaron asombrados, menos el rey.
- Y… – comenzó el rey – la segunda cosa de la que quiero hablar tiene más relación con este tema de lo que esperaba. Nos han informado de que una gran masa de Drows avanza hacia el sur.
- ¿Cuántos son? – preguntó otro conde aterrado.
- Casi cuatrocientos, si no más – respondió el rey.
- ¡Hay que proteger nuestros territorios! – comenzó un conde.
- ¡No! ¡hay que pedir ayuda a los del este!
- ¡No! ¡tenemos que unirnos contra ellos!
- ¡SILENCIO! – gritó el rey con todas sus fuerzas para hacerse oír por encima de los aterrados gritos de los terratenientes – ¡Somos más y tenemos mejor conocimiento del terreno! ¡Unidos venceremos!
Un montón de gritos de aclamación fue lo único que necesitó el rey para contar con el apoyo de todos.
El rey dio las órdenes y todos se fueron a sus estancias a recoger su equipaje. Nail cogió todo lo que tenía y se lo llevó con los soldados, que se habían alojado en una taberna. Por el camino una sombra le hizo señas para que fuera hacia un callejón lateral y Nail dudó. Al final se decidió por ir y cuando llegó no vio nada. Es como si la sombra nunca hubiese existido. Una voz se oyó:
- Al pie de la montaña de Karak-azul, mañana a medianoche, no le digas a nadie lo que has visto.
Y de repente Nail apareció en una cama con un par de personas a los lados.
- Se ha despertado – dijo Nalfhein.
- Si – contestó Mánatorm.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Nail todavía semiconsciente.
- Te desmayaste – dijo Mánatorm -. Te encontramos inconsciente en un callejón.
Entonces Nail recordó la voz y cómo se había desmayado.
- ¿Qué tal te encuentras? – preguntó Mánatorm.
- Bien – contestó Nail levantándose lentamente.
- Tendrías que guardar reposo – dijo Nalfhein.
- Estoy bien – mintió Nail.
Y salió de la cama. Estuvo dándole vueltas a lo ocurrido toda la noche hasta que al final se durmió en un profundo sueño.
Pasó el día siguiente sin ningún incidente y… Al anochecer decidió ir a la montaña de Karak-azul. Llegó un tiempo antes de medianoche debido a que había logrado bajar lentamente las escaleras oculta gracias a la máscara que poseía, y aprovechar una salida oculta con magia que solo los nobles del castillo y sus guardias personales conocían. Cogió un caballo oscuro como la noche y partió hacia allí. Esperó poco tiempo antes de ver una silueta poco más baja que ella acercarse por un lado de la montaña. Instintivamente preparó un par de conjuros defensivos que la protegerían de los ataques.
- Veo que has venido – dijo la sombra – y sin escolta. Te consideraba más inteligente. Exijo un objeto que tienes en tu poder.
Nail miró extrañada a la sombra sólo imaginándose de que se trataba.
- La máscara.
Nail miró a la máscara y se preguntó para qué querría esa silueta aquel objeto. Se echó un hechizo de visión nocturna y entonces quedó paralizada de terror al ver que estaba rodeada de elfos oscuros que tenían las espadas desenvainadas. Eran cinco más su interlocutor, contó. No tenía ninguna oportunidad. Suspiró y se dijo que era una idiota por haber caído en semejante trampa. En aquel momento no vio nada más. No vio cómo Nalfhein escondido tras unos matorrales le lanzaba un globo de oscuridad encima y se la llevaba lejos de allí. Hacia el castillo. Cuando salieron del globo de oscuridad vio cómo Nalfhein se subía al caballo y se subió con él. O al menos lo intentó porque notó un pequeño pinchazo en el brazo y perdió las fuerzas. En unos segundos ya estaba dormida. Nalfhein la cogió y la subió al caballo. Cabalgaron hasta el amanecer, momento en el que llegaron al castillo. Según llegaron al castillo un médico le extrajo el veneno que circulaba en su interior o, al menos, una parte, debido a que se había extendido por todo el cuerpo. Todos estaban muy preocupados a pesar de que el médico del castillo les había dicho que solo estaba dormida. Pasaron cuatro horas y por fin Nail empezó a espabilarse. Abrió un ojo poco a poco y luego el otro lentamente puesto que todavía le hacía un poco de efecto el fuerte veneno. Cuando se desperezó del todo se encontró con que estaba en su cama y la habían dejado sola. Se levantó cuando notó que el efecto del veneno había pasado y fue hacia la puerta de la habitación andando lentamente, todo lentamente. Anduvo por el castillo hasta las cocinas en las que los cocineros ya preparaban el desayuno. Cuando el resto bajó a desayunar (Mánatorm visiblemente enfadado) Nail les contó todo: lo del elfo Drow en el callejón, les habló de la conversación que habían tenido y todo lo que sucedió después.
- ¿Cómo puedes ser tan ingenua? – dijo Mánatorm aún más enfadado que antes.
- ¡Yo no sabía nada! – se quejó Nail.
- ¿¡Pero cómo puedes ir sola a un lugar que te ha dicho un desconocido, después de lo que ha pasado!? – Mánatorm se enfadaba cada vez más
- Pero… – dijo Nail
- ¡Que no vuelva a pa…! – Mánatorm se calló cuando Nalfhein le apoyó una mano en el hombro.
- No pasa nada. Ha sido un descuido. – dijo Nalfhein – ¿Verdad? – añadió
- Si – dijo Nail.
Y así pasó un día, dos. En el tercer día ocurrió lo peor.
Por la noche nada más y nada menos que cincuenta Drows rodeaban el castillo. Los 22 soldados que había en el lugar no tenían nada que hacer cuando los drow escalaron la muralla los mataron a todos sin hacer casi ruido… Casi, un soldado dio la alarma a los que estaban en el interior, que se apresuraron a bloquear la puerta de la casa. Por desgracia para ellos los Drow entraron por ella destruyéndola con hechizos y cinco de los diez soldados que había allí murieron acribillados con virotes de ballesta. Los otros huyeron al segundo piso en el que habían preparado un par de trampas. Dos Drows murieron con ellas y… llegaron. Lograron matar a seis Drows antes de que todos los soldados murieran. Nail, Mánatorm, Nalfhein y dos soldados habían huido por el pasadizo. Cuando salieron, una lanza ensartó a uno de los soldados mientras que el Drow, montado en un enorme lagarto, disparaba a Mánatorm con su ballesta, que por poco acaba con un virote entre ceja y ceja. El otro soldado le clavó la espada en la pierna al lagarto y le dio un escudazo en toda la cara que lo dejó atontado. El drow, que había clavado la lanza demasiado fuerte, desenvainó una espada y empezó con un mandoble a la cabeza del soldado, que lo esquivó por los pelos. El drow bajó de su lagarto sangrante y le lanzó una estocada al pecho del soldado, que se retiró lo justo para que no se le clavase en el corazón, pero se llevó un corte en la barriga. Nalfhein llegó y atacó al drow por arriba, que recibió el golpe de pecho y acabó muerto. Nail fue a echar un conjuro de curación al soldado que estaba en el suelo, ¡y menos mal que lo hizo!, porque si no un virote se le habría clavado en el costado izquierdo del cuerpo. Mánatorm vio de donde salía el disparo y cargó con su hacha hacia allí. El Drow, que no era tonto, tiró la ballesta y sacó sus dos espadas justo después de disparar porque sabía que alguien lo vería. Mánatorm descargó su hacha lateralmente a la altura del pecho del Drow, que interpuso una de sus armas mientras atacaba con la otra a las piernas de Mánatorm, intentando desequilibrarle, pero Mánatorm bajó su escudo y paró el corte. Atacó con su hacha a la cabeza del contrincante, que creó una cruz con sus espadas para interceptar el hacha de Mánatorm. Este dio un golpe con su escudo en las costillas de su rival, que crujieron y se partieron con la fuerza del impacto. El Drow quedó aturdido con el tremendo golpe y tiró una de sus armas para llevar la mano al lugar herido. El hacha de Mánatorm cortó una oreja del Drow, que tiró la otra espada para taparse la herida. Una patada de Mánatorn a la rodilla del Drow hizo que esta se doblase arrastrando a la otra y este cayó al suelo. Mánatorm le clavó el hacha en la espalda, matándolo. Empezaron a correr, pero cuando habían dado los primeros diez pasos, tres virotes de ballesta volaron en su dirección. Uno dio al soldado en el hombro. Otro rozó un brazo de Nalfhein, que lo apartó justo a tiempo y, el otro tiro, que iba dirigido hacia Nail, se quedó corto, o al menos eso aparentaba, pues en realidad Nail había lanzado un conjuro de viento que lo desvió. Después de eso el soldado se apoyó en Mánatorm. Todos corrieron y corrieron durante unas horas y cuando se encontraron lo suficientemente lejos del castillo buscaron un buen lugar para acampar. Encontraron un claro en un bosque lo bastante oculto para ser seguro.
Lo primero que hizo Nail fue intentar echar unos conjuros de curación en el soldado. No consiguió nada porque su conocimiento en esos hechizos era mínimo. No se atrevieron a encender ningún fuego por miedo a que los Drow les encontrasen. Nalfhein exploró la zona y cuando volvió avisó que no había encontrado ni siquiera un lobo, que eran bastante comunes en esos bosques y más por la noche.
- No he podido hacer nada – Dijo Nail apenada – Solo podemos confiar en su resistencia.
Esperemos que sea suficiente – Contestó Mánatorm.
Comentarios recientes