La pérdida

Esta historia se desarrolla tres meses después del relato “El Secuestro”, en el que se narra la primera aventura de nuestra protagonista Nail, y cómo encuentra el desencadenante de toda esta historia.

Todo era normal hasta el día en que encontré aquella máscara. No sé qué podría haber pasado si hubiera acabado en malas manos. Creo que mi propio instinto me dijo que allí podía haber algo cuando empecé a practicar en ese lugar…

Pero ahora que lo pienso no se si sería mejor haber dejado esa máscara en un lugar en el que nadie la encontrase. No me arrepiento de mi decisión, pero… ¿Habría seguido con mi vida normal en el castillo si no hubiera cogido la Máscara? No, él la habría encontrado igualmente.

Nail

Prólogo

  • Eres tú – dijo una grave y profunda voz en el fondo del abismo.
  • Si, mi señor – contestó una voz más normal, pero aun así algo intensa.
  • ¿Has traído lo que te pedí? – preguntó la primera voz.
  • En parte, amo – dijo la segunda voz – pero… hay un problema.
  • ¿Qué problema? – preguntó la primera voz empezando a enfadarse.
  • El último componente está en la superficie, en el mundo mortal – respondió la segunda voz con miedo.
  • ¡Estúpido demonio menor! – gritó la primera voz – ¡Si no fuera porque te necesito ya estarías muerto! ¡Trae la máscara o lo pagarás caro!
  • Perdone la interrupción, pero ¿por qué no voy yo a la superficie que no tengo que esperar a una invocación? – dijo una tercera voz tranquila.
  • De acuerdo… Pero no me falles, drow – amenazó la primera voz empezando a calmarse.
  • No lo haré, tranquilo, pronto serás libre – contestó la drow.
  • Tu alma será liberada a cambio, drow – contestó la primera voz.
  • Y yo seré libre – añadió en voz baja la drow para que no lo oyeran.

Maltis salió del abismo poco después de la conversación y lo primero que hizo fue ir a la casa oculta en una grieta en la caverna de Donar’se en la que habitaban sus subordinados. Fue a buscar al más fuerte de todos ellos y le ordenó coger sus armas: una perfecta cimitarra y un pequeño puñal impregnados en magia drow; Matadragones, una espada tan afilada como para atravesar la piel de un dragón de un solo golpe; y Robaalmas, un pequeño puñal que se alimenta de la fuerza vital de los que ha matado para curar a su portador. Además, el drow cogió una pequeña ballesta de mano y dos carcajes con veinte dardos cada uno, se colocó uno en la espalda y otro en la cintura. Los de la espalda estaban cubiertos con un fuerte narcótico que dormiría a su objetivo al cabo de unos segundos, y los de la cintura untados con brea para arder en cualquier momento. El drow se puso su capa y partió hacia el sur, muy al sur. Cuando salió con su ayudante de las cuevas fueron cegados al instante por la luz del sol y tardaron una hora en poder salir sin cerrar los ojos.

Capítulo I

Se movían sigilosos como un gato, letales como la muerte, oscuros como una pantera y ese día acabaron con todo lo que tenía. Mi hermano, mi madre, mi padre, todo. Cuando recuerdo ese día aún me siento apenada por lo que pasó.

Nail

Los extraños viajeros

En un tiempo en el que la magia existía…

Nail había pasado los tres meses siguientes a la captura de su hermano con total tranquilidad. Había seguido investigando la extraña máscara, que en estos últimos días la decía más cosas que antes. A veces le daba consejos y otras simplemente hablaban sobre su pasado, aunque la máscara nunca decía nada acerca de eso. Esto hacía que los días en los que Nail no podía estar fuera no fuesen tan aburridos para ella. También consiguió que la máscara no solo la cambiara el aspecto de la cara, sino de toda la piel y el pelo. Un día estaba lloviendo a mares cuando dos extraños viajeros encapuchados llegaron al castillo más o menos una hora antes de la cena. Vestían de negro y naranja oscuro. Uno de ellos llevaba dos cimitarras y el otro una cimitarra y un elegante puñal envainados a la cadera además de una pequeña ballesta de mano enganchada en la espalda. El padre de Nail, siempre considerado, les dejó pasar la tormenta en el castillo con una condición: que se presentaran como es debido.

  • Mi nombre es Ilnar y este es mi… – hizo una pequeña pausa – ayudante Nalfhein – concluyó por fin el de la ballesta.
  • Les pido que dejen las armas en un sitio donde puedan estar vigiladas por mis hombres y que se retiren la capucha – dijo el padre de Nail con curiosidad.

Se quitaron la capucha y, ¡eran elfos! ¡Ni más ni menos que elfos altos, la primera raza inteligente que haya existido jamás junto con los elfos oscuros! Nailfhein tenía los ojos amarillos, muy bonitos, e Ilnar los tenía grises como las nubes que había fuera, por lo demás eran elfos corrientes con el pelo rubio claro y delgados. Eran un poco más bajos que Nail pero más altos que Mánatorm, porque los elfos tenían una constitución más ligera y pequeña que la de los humanos.

  • Pueden dejar su capa en el recibidor para que cuando pase esta tormenta se vayan a su destino – dijo el padre de Nail sin salir de su asombro.
  • Mi más sincero agradecimiento – dijo Ilnar.

Cuando Nail bajó a ver qué pasaba se quedó con la boca abierta al ver a tan extraños visitantes en su casa. Ilnar dirigió una mirada ceñuda a Nail y le dijo algo a Nalfhein que esta no pudo oír. Pero Mánatorm, que estaba más cerca, sí que consiguió oír algunas palabras que no entendía porque estaban hablando en otro idioma, supuso que élfico: “Tanar’so – canruye – ta”. Esas fueron las tres palabras que oyó Mánatorm. “Está – objetivo – noche”, claro que Mánatorm no lo entendía.

Cuando llegó la hora de la cena Nail se sentó como siempre a un lado de la mesa junto con Mánatorm y su hermano. Su padre y su madre se sentaron en otro lado y justo en frente de Nail y Mánatorm se sentaron los elfos Nalfhein delante de Nail, e Ilnar delante de Mánatorm. El padre de Nail e Ilnar mantuvieron una conversación sobre que la tormenta se alargaría durante una semana y que cada vez empeoraría más y hasta que pasase los elfos se quedarían allí. Nail no paraba de mirar a los dos elfos y Mánatorm le comunicó a la madre de Nail que los elfos habían hablado en un idioma desconocido para él, que suponía que sería élfico. La madre de Nail dijo que seguramente estarían hablando de que la tormenta retrasaría su viaje, o algo así. De mientras, el hermano de Nail no sabía qué hacer, así que se puso a hablar con su guardaespaldas, Narlon. Unos minutos después ya habían terminado todos de comer y se fueron a la cama. Ilnar y Nalfhein se fueron a una habitación que los criados habían preparado para ellos un piso por debajo de la de Nail y dos pisos más arriba de sus armas.

Por la mañana todos se levantaron y bajaron a desayunar en las mismas posiciones que ayer. Nadie hablaba salvo el padre de Nail, que explicaba que, como dijo ayer, la tormenta se había alargado y tendrían que esperar unos días más. Así pasaron dos días en los que la tormenta seguía empeorando, hasta que la noche del tercer día de la llegada de los viajeros, en la que dos sombras bajaron las escaleras desde el segundo piso y llegaron al sótano. Forzaron la cerradura con mucho silencio y se abalanzaron sobre el guardia que estaba allí. En unos instantes el guardia yacía muerto en el suelo sin ninguna marca de corte, como si le hubiese dado un infarto. Entonces las dos siluetas cogieron sus armas con mucho silencio y se pusieron su armadura. Cuando hubieron acabado de prepararse Ilnar sacó su puñal y su cimitarra y Nalfhein solo sacó una de sus cimitarras, apoyando la mano en la empuñadura de la otra. Subieron las escaleras en completo silencio hasta el último piso en el que descansaban Nail y su familia. Avanzaron por un pasillo, entraron en la primera puerta a la derecha e Ilnar mató a su ocupante en un santiamén, Nalfhein puso cara de disgusto al ver que se trataba de un niño, el hermano de Nail y en la segunda puerta a la derecha abrieron la puerta con mucho cuidado y vieron que su ocupante era Narlon. Ilnar lo mató a él también rápidamente y no se oyó ni un susurro. Llegaron a la puerta del final del pasillo e Ilnar mató a los padres de Nail cada uno con un arma. Nalfhein cada vez se planteaba más el atacar a Ilnar y avisar a todos los del castillo de que huyeran, dado que no podía soportar la carnicería que se estaba llevando a cabo. Volvieron sobre sus pasos y abrieron la segunda puerta a la izquierda en la que estaba Nail y entonces, cuando Ilnar avanzaba decidido a matar a Nail, Nalfhein atacó: una cimitarra en llamas salió de su funda en el momento en el que Ilnar daba el primer paso, hacia la cabeza de este. Ilnar, que no se esperaba el golpe, se agachó en el último momento. Fue tan justo que la cimitarra en llamas le corto su espesa melena blanca. Unos ojos amarillos brillaron en la oscuridad al tiempo que otros ojos, estos grises, se iluminaban tenuemente.

  • ¡Cómo te atreves! – dijo Ilnar mientras le lanzaba una estocada a la barriga a Nalfhein, que detuvo el golpe rápidamente con la cimitarra que no ardía.

Nail se despertó con el choque entre las dos cimitarras y se hizo la dormida rápidamente para que no la descubrieran. Intentó deducir de qué lado estaba cada uno y entonces la cimitarra en llamas se acercó a la cara de Ilnar y la iluminó durante un momento, pero ese momento duró lo suficiente para que Nail viera lo que pasaba. ¡Un elfo oscuro en su habitación! Entonces las llamas de la cimitarra tomaron fuerza e iluminaron toda la estancia, ¡No era uno, sino dos! ¡Y estaban luchando entre ellos! Entonces Nail no pudo contener un gemido pensando que iba a morir, cuando uno de los dos, el que fuera, venciese. En el momento en el que Nail soltó el gemido las cabezas de los dos elfos oscuros se volvieron en su dirección y pudo distinguir sus rasgos ¡Eran los de los elfos que llegaron hace tres días! Rápidamente Ilnar le dio un puntapié en la barriga a Nalfhein, derribándole, y fue rápidamente a por Nail, pero Nalfhein desde el suelo pudo agarrar un pie de Ilnar y tirarlo al suelo.

  • ¡Corre! – gritó Nalfhein.

Nail salió de la cama y fue rápidamente hacia fuera mientras los dos drow se levantaban. Salió justo en el momento en el que Mánatorm salía de su cuarto ya con su cota de malla puesta.

  • ¿Qué pasa? – preguntó Mánatorm sacando su escudo y su hacha.
  • ¡Drow! ¡Los elfos eran drow! – gritó Nail – Aunque, Nalfhein me ha salvado – refexionó

Mientras tanto en la habitación de Nail, la cimitarra de Ilnar, Matadragones, salió en dirección al pecho de Nalfhein y él intentó detenerla interponiendo su cimitarra que no llameaba, pero Matadragones la cortó limpiamente, con lo que se vio obligado a hacer una maniobra con la otra para desviar a Matadragones y tirarla al suelo, no sin antes llevarse un fino corte en el flanco derecho de su cuerpo. Entonces entró Mánatorm y atacó a Ilnar reconociendo sus rasgos principales a pesar del color de su piel: los ojos lo delataban. Ilnar se vio obligado a huir porque sabía que no tenía posibilidades contra los dos adversarios, saltó por la ventana y dijo:

  • Nos veremos de nuevo.

Y después de eso desapareció en las sombras como si nunca hubiera estado allí.

  • Quiero una explicación a todo esto – dijo Mánatorm – Y espero que sea convincente – añadió acercando la parte afilada de su hacha al cuello del Drow.
  • No todo lo que dijo Ilnar era mentira. Nuestros nombres y que yo era un subordinado de Ilnar era verdad, aunque como es visible mentíamos respecto a nuestra raza y objetivo final. – Tomó aire lentamente y lo soltó. – Respecto a eso, ahora eres la dueña del castillo – le dijo a Nail.
  • ¿Cómo? – Preguntó – No querrás decir que…
  • Si – dijo Nalfhein apenado – no pude detenerle y, los mató.
  • Pero mi hermano se supone que es el heredero y ¿no debería ser él el que asumiera el mando? O, ¿es que…?

Nalfhein asintió. Nail no pudo contenerse y echó a llorar en la cama.

  • No puede ser. Esto es una pesadilla, un mal sueño. ¡Vosotros nunca estuvisteis aquí!
  • Lo siento – dijo Nalfhein.
  • ¡Callate! – gritó Nail – ¡Salid todos de aquí!

Nalfhein cogió a Matadragones del suelo y salió junto a Mánatorm. Cuando cerraron la puerta Nail se echó en la cama y se durmió, sin poder creer lo que había pasado.

Continuará…

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